martes, marzo 09, 2010

Conductores borrachos y leyes de juguete

Mis rodillas no se mueven. Mis piernas están adormecidas y no quieren caminar. Es curioso, son solo diez metros hasta aquel salón, donde me esperan unos padres ansiosos y desesperados, y todo mi cuerpo se resiste a avanzar.

Hace solo dos minutos, salí de la sala de reanimación de la Unidad de Trauma del Hospital Nacional de Niños en donde yacen dos seres humanos maravillosos: un niño y una niña. Juntos, no suman ni once años de vida. Ambos fueron impactados por un carro en el vehículo en el que viajaban para la escuela. La explosión de fuerza que se produjo, atrapó sus cuerpecitos entre el caos de latas. Sus cabecitas quedaron mezcladas entre el metal retorcido. Sus manitas, chocaron contra el filo del vidrio cortante. Sus espaldas pegaron contra el duro y negro asfalto. Ambos están muertos.

Miro a mis compañeros de equipo y en sus ojos se refleja el dolor por la pérdida de quienes, apenas hace media hora, eran unos pequeños desconocidos. Sus miradas reflejan la frustración de quien pierde una batalla. Están con el alma cansada porque nadie nunca es el mismo luego de ver morir a un niño, y menos a dos.

Ahora, como grupo, tenemos otra responsabilidad igual o más dura que batallar de cara contra la muerte. Es la responsabilidad de estar frente a un par de padres quienes, con la mayor angustia, nos esperan para saber cómo están sus pequeños.

La puerta se abre y en forma inmediata dos pares de ojos enrojecidos se conectan con los míos y naufragan en la mirada de quienes me acompañan. Una sonrisa hecha mueca desaparece rápidamente en sus caras como queriendo engañar al cuerpo diciéndole que las cosas van a estar bien. Se toman las manos. No podrían estar más cerca. Con manos temblorosas, se limpian las lágrimas. Sus manos están blancas como toda la piel de sus cuerpos. A pesar de que tenemos solo treinta segundos en esa habitación, es fácil ver el temblor en sus labios al hablar y sus rodillas inquietas. Son un par de padres aterrorizados.

Finalmente, cuando lo que debe suceder no se puede contener, cuando tengo la responsabilidad de hablar y de aplastar la esperanza de vida, mi voz al igual que mis piernas, flaquea. ¿Cómo hacer esto? ¿Cómo decirle a un par de jóvenes que sus hijos están muertos? ¿Cómo explicarles que hoy, al regresar y abrir la puerta de la casa, no se encontrarán con aquellas voces llamando a papá?

Cuando, por fin, la voz se suelta y pronuncia el discurso tan temido, este hombre y esta mujer abren sus bocas tratando de aspirar el alma de sus hijos. Un viento frío, helado, se pega en sus gargantas y no los deja respirar. En aquella habitación de hospital, todo empieza a moverse en cámara lenta. Nos miran tratando de encontrar una cara que les diga que lo que acaban de oír fue una broma macabra. Buscan una cara que les diga lo contrario, que les devuelva la vida a sus hijos y a ellos'.

Es al final de esta conversación cuando nos golpea otra realidad: el conductor que los colisionó está detenido, pero aún no sabe que sucedió. Venía de una fiesta y está tan borracho, tan inconsciente, tan feliz' Resulta que conducir después de tomar licor era su conducta habitual. Nos enteramos de que ya lo habían detenido, pero –qué casualidad– dicen que no era reincidente.

Permisividad criminal. Resulta que, ahora, quien les explica a estos papás que sus hijos deberán ir a una morgue en lugar de terminar su viaje y llegar a la escuela, sabe que esto pasa porque el Estado costarricense es permisivo y que quien debería estar detenido por usar un arma en la vía pública bajo los efectos del alcohol, está en la calle por el “pobrecito”'

Reto a quienes, por salvar unos cuantos votos, permitieron que siguiera la fiesta de miles de personas que todos los días toman licor antes de llegar a sus casas y conducen hasta matar.

Pero también reto a cada uno de los ciudadanos que favorecen esas conductas diciendo “'. ¿cómo? Ahora, no se puede tomar ni un traguito”, “'diay, entonces no se puede ni ir a una graduación”, “' ¡Qué vida! Ya no podemos ir a una fiesta”' como si todo lo que se celebrara en las fiestas fuese el guaro. Los reto por haber permitido que esto sucediera.

Reto a cada ciudadano por no haber hecho más, ni ellos ni nosotros, ni ellos ni yo. Nuestra función en la sociedad no se limita a dejar solos a los que gobiernan. No tuvimos el valor, la fuerza y la entereza para tener un estado de cero tolerancia a la conducción bajo los efectos del alcohol. Los ciudadanos no tuvimos el nivel de organización y valor que tuvo Candice Lightner en 1980, quien, después de enfrentar la muerte de su hija de 13 años por un conductor borracho, fundó en los Estados Unidos MADD, que son las siglas en inglés de una organización cuya traducción en español es “Madres Contra Conductores Borrachos” (www.madd.org).

Tenemos que asumir como costarricenses que nuestras almas también estarán manchadas por la sangre de cada niño, de cada niña y de cada persona que muera o sufra lesiones por una conducta asociada a la conducción y al alcohol, conductas que pudieron ser frenadas con una ley realmente fuerte que permitiera a los fiscales y jueces tener armas de peso para trabajar. No leyes de juguete, con portillos para evadir la responsabilidad y, peor aún, evadir la moralidad que, como seres humanos, debemos tener: esa humanidad y moralidad que, después de defender o de liberar a un conductor borracho, nos permita vernos ante un espejo y no sentir verguenza y asco de nuestros actos y de nosotros mismos.

Después de casi diez años de ser el cirujano responsable de la Unidad de Trauma del Hospital Nacional de Niños y de haber dado esta noticia unas doscientas cincuenta veces a unas doscientas cincuenta familias, les puedo decir que una parte de nosotros se queda ahí, y que es peor cuando en la intimidad de nuestro ser sabemos que aquello no debió suceder. Reto a todos los responsables de estas muertes para que vengan a hablar con estos padres.

Marco Vinicio Vargas
Jefe de la Unidad de Trama
Hospital Nacional de Niños

Tomado de: http://www.nacion.com/2010-03-09/Opinion/Foro/Opinion2294930.aspx

10 comentarios:

GAlcidesS dijo...

Comparto la indignación mae, pero, la imagen puede traer más críticas que otra cosa. Me recordó el despelote por la foto de los niños de Cinchona de la Extra.

soy pasajero... dijo...

mae es una porquería este engendro de ley,cada vez que la "arreglan" queda peor...

Amorexia. dijo...

tenes razon, solo un detalle, la foto no es real, es de una pelicula, pero si, la voy a cambiar... gracias.

Vivan los borrachos parecen decir las leyes aqui, ellos tienen derechos y la gente berrea su derecho a hacer lo que le plasca... por eso las varas estan asi...

Anónimo dijo...

el diputado Carlos Gutiérrez, jefe de fracción del Movimiento Libertario, desmintió a Méndez y afirmó que, en efecto, el Plenario decidió tolerar un mayor consumo de alcohol en los conductores.

“Yo quisiera saber qué poder económico fue capaz de bajar del avión a un montón de diputados que hoy sí se presentaron a sesionar para aprobar una mayor alcahuetería para aquellos que deciden, irresponsablemente, mezclar el volante con el licor ¿Qué negocios multimillonarios hay detrás de esto? No lo sabemos, pero los muertos en carretera no los va a poner el Movimiento Libertario, ojalá el pueblo entienda quiénes son los partidos políticos que desean mantener el negocio del guaro”, sostuvo.

Terox dijo...

Con la nueva ley, aún modificada, el mae hubiera andado sin lincencia... si ya lo habían detenido debió ser reincidente y si estaba tan inconsciente que todavía no sabe lo que pasó, tiene más de 0.75 (gms alcohol / litro sangre)

andrés dijo...

pareciera que hay sobre poblacion en tiquicia, debemos ser muchos, debemos sobrar,pareciera que se cortan las vidas como corta uno la mala heirba crecida... dia a dia mueren inocentes y seguimos haciendonos los tontos.

Si fueramos un gramo mas inteligentes y maduros no necesitariamos ninguna ley que nos obligue a tener sentido comun.... manda güebo, duramente!

Mario_ergosum dijo...

Cultura de muerte y de violencia. Lamentablemente nos estamos acostumbrando a esto y no nos impacta ver la muerte tan de cerca.
Si la solución son leyes más fuertes entonces se deben mantener y no dar lugar al "pobrecito" que no lleva a nada.

Ramón Pendones dijo...

Con este artículo otra vez queda al descubierto la mioopía de tantas personas que para nuestra desgracia son los que toman las decisiones políticas que nos afectan a todos!

Felicitaciones al Dr. Vargas

Ramón Pendones

Alvaro dijo...

Hoy me mandaron un correo con ese artículo. Pero agradezcamos a los "padres de la patria" por suavizar la nueva ley de tránsito.

Conductor borracho? A la cárcel
Mínimo de Alcohol? 0 mg

Así de simple

Saludos,

Raven Grooscors dijo...

Comparto mucho de la indignacion del que escribio eso pero algo que jamas puedo estar de acuerdo es con lo siguente :


Escrito x Alvaro: Conductor borracho? A la cárcel
Mínimo de Alcohol? 0 mg


Eso no funciona asi , el problema no solo es el conductor borracho es que este pais es de tomadores y muy fuertes, pero si hacemos una prohibicion al estilo Gringo de la decada de los 30s sabesmo que eso no sirve

El problema es cultural y ustedes pretenden castigar a todos como si fuesen criminales ?


Lo siento pero yo si soy un cuidadano que estoy de acuerdo que en la primera vez no deberia ir a la carcel y no creo en la manio dura NO SIRVE,crea mas problemas.